jueves, 2 de diciembre de 2010
Hoy 02/12
Saludos.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Notas segundo parcial.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Entrega de notas
lunes, 1 de noviembre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
Tratado de Lisboa
http://www.eu2010.es/export/sites/presidencia/comun/descargas/unioneuropea/guialisboa.PDF
http://www.europarl.europa.eu/parliament/public/staticDisplay.do?language=ES&refreshCache=yes&pageRank=1&id=66
http://www.fundacioncajamar.es/mediterraneo/revista/me1210.pdf
http://www.reei.org/reei17/doc/articulos/Articulo_FARAMINAN_JuanManuel.pdf
lunes, 27 de septiembre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
martes, 29 de junio de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
Notas 2do parcial
Caparros 6
Regeral 7
Rocca 7
Ullman 7
Regera 9
Sobrero 7
Pahor 7
Andino 6
Duvoy 8
Luciani 8
Sicardi 7
Freijedo 8
Horbat 7
Scheps 7
Munoa 7
García 8
Cirese 4
Agiurre 7
Mazzolini 7
rapaport 8
Bobek 8
Bianchet 7
Blaiotta 8
Dalbora 8
Escobio 8
Escuti 6
Neme 7
Orozco 4
Gonzalez 4
Pega Recupera
Lambert 5
Fungueiro 8
Azar 7
Pirozzo 7
Desancio 8
Sabbani 7
Belusci 6
R. Díaz 6
Riveiro 6
Kordich 6
Ballon 9
Milone 7
Politi 8
Buigo 7
Rey 9
foster 9
Cattaneo 7
Peroni 6
Cabral Hunter 9
Igibejeres 7
Valpachio 6
Espinal 6
Olmos Cardenas 7
Murillo 7
Lauro 6
martes, 15 de junio de 2010
cronología mercosur
- Es el perfeccionamiento de la ALADI.
- Mediados de los 80 Argentina y Brasil iniciaron movimientos bilaterales destinados a acelerar los tiempos necesarios para poner en funcionamiento un proceso de integración subregional.
- Desde fines de los años setenta, superados los conflictos de distintas represas en ríos internacionales (entre ellas itaipú). Definido de mutuo acuerdo el aprovechamiento racional del río Paraná mediante la firma del Acuerdo de Entendimientos Operativos-jurídicos Itaipú y Corpus. A partir de este momento las relaciones entre ambos países reviven un acercamiento para ser relaciones cooperativas.
- Sin un entendimiento entre Argentina y Brasil, cualquier proyecto de integración suramericano carece de un elemento fundamental.
- Asimismo, la recuperación de la democracia se tradujo en la superación de la doctrina de la seguridad nacional, vigente durante los regímenes militares.
- Los acuerdos bilaterales entre argentina y brasil representan los antecedentes inmediatos del MERCOSUR.
- La primera acción fue física al inaugurarse el puente internacional Tancredo Nieves sobre el río Iguazú. Los presidentes de ambos países
- Al año siguiente, 1986, se firmó el acta para la integración argentino-brasileña en la ciudad de buenos aires. Se aprobaron 12 protocolos que comprendían un amplio espectro de acuerdos sobre bienes de capital, cooperación energética, biotecnología, constitución de empresas binacionales, producción y abastecimiento de trigo, cooperación aeronáutica, etc.
- Se estableció un calendario bilateral de temas a tratar y un proyecto de integración gradual y flexible. Así, lanzaron el programa de integración y cooperación entre argentina y brasil, cuyas bases fueron las que sirvieron para ampliar el proyecto destinado a construir el mercado común del sur, adaptado a las exigencias de la ALADI para acuerdos de alcance parcial.
- Llegaron a concretarse 24 protocolos sectoriales.
- En 1990 al caer el gobierno de Stroessner en paraguay, para evitar quedar aislados de sus socios comerciales más importantes, acogieron la invitación a crear un gran espacio regional integrado sobre la base de las relaciones o acuerdos bilaterales ya existentes entre argentina y brasil.
- A partir de la firma del acta de buenos aires (1990), el proceso de integración tomó una nueva dinámica al disponer ambos gobiernos que el proceso debía culminar en un mercado común, que debería estar definitivamente conformado el 31/12/94, constituyéndose el “Grupo Mercado Común”.
- Este objetivo de acelerar el proceso para remover todas las barreras existentes para el tráfico comercial entre argentina y brasil, despertó el interés de uruguay y paraguay a solicitar su incorporación al sistema de integración por considerarlo bueno para su desarrollo.
- Esta solicitud de incorporación de estos dos países hizo necesaria la firma del tratado de asunción.
Tratado de asunción
- integra los 4 países
- adopta una organización mínima armada para regir exclusivamente durante el período de transición que se extendería hasta el 31/12/94, debiendo las partes antes de esa fecha establecer la institución definitiva de los órganos.
- Funcionará el CMC y GMC como organos gubernamentales de administración y ejecución del acuerdo. Se le agrega una secretaria administrativa para apoyo funcional y una comisión parlamentaria sin funciones definidas.
- La estructura fue ineficiente y resultó desbordada, incluso debiendo el cmc crear la comisión de comercio.
- En 1991 se aprobó el sistema de resolución de conflictos, aprobado por medio del protocolo de Brasilia de 1991.
- Finalmente en 1994 se firmó el tratado de Ouro preto que dotó al MERCOSUR de personalidad jurídica internacional, definió su estructura institucional definitiva. Ordena la profundización de la integración macroeconómica y SE APRUEBA DEFINITIVAMENTE EL ARANCEL EXTERNO COMÚN.
-
lunes, 7 de junio de 2010
Unión Europea
Unión Europea, breve raconto:
-CECA. Grupo de los seis. TRATADO DE PARÍS
-EURATOM. TRATADO DE ROMA
-CEE. TRATADO DE ROMA. CREA UN MERCADO COMÚN, DE UNA UNION ADUANERA Y EL DESARROLLO DE POLÍTICAS COMUNES. PERÍODO TRANSITORIO DE 12 AÑOS DIVIDO EN TRES ETAPAS DE CUATRO AÑOS.
CONSEJO, COMISIÓN, PARLAMENTO Y TRIBUNAL DE JUSTICIA.
LAS TRES COMUNIDADES PILARES. OBJETIVO MERCADO COMUN. BIENES, PERSONAS, CAPITALES Y SERVICIOS.
30 de julio de 1962: Comienzo de la "política agrícola común (PAC)", que da a los Estados miembros un control compartido de la producción alimentaria. Los precios agrícolas se uniformizan para el conjunto de la Comunidad. La CEE cubre por sí sola sus necesidades alimentarias y los agricultores tienen unas buenas rentas. Efectos perversos de la PAC: la superproducción y las toneladas de excedentes. Desde los años noventa, se da prioridad a la reducción de estos excedentes y a la mejora de la calidad.
1 de julio de 1968
Supresión de los derechos de aduana entre los Seis, creando por primera vez las condiciones para el libre comercio. Al mismo tiempo aplican los mismos derechos de aduana a los productos que importan de otros países: nace así el mercado único más grande del mundo. El comercio entre los Seis, así como entre la Comunidad y el resto del mundo, crece rápidamente.
1965: TRATADO DE FUSIÓN DE LOS TRES EJECUTIVOS DE LAS TRES COMUNIDADES. ÚNICA COMISIÓN Y ÚNICO CONSEJO. Este Tratado sustituye a los tres Consejos de Ministros (CEE, CECA y Euratom), por una parte, y a las dos Comisiones (CEE, Euratom) y la Alta Autoridad (CECA), por otra, por un Consejo y una Comisión únicos. A esta fusión administrativa se añade la constitución de un presupuesto de funcionamiento único.
- 1973: INGRESAN DINAMARCA, IRLANDA Y REINO UNIDO. COMUNIDAD DE LOS NUEVE. AL MISMO TIEMPO ENTRA EN VIGENCIA UN ACUERDO DE LIBRE COMERCIO CON AUSTRIA, SUIZA, PORTUGAL Y SUECIA.
- 1979: ENTRA EN VIGOR EL SISTEMA MONETARIO EUROPEO.
-1981: INGRESA GRECIA. EUROPA DE LOS DIEZ.
- 1986 ACTA ÚNICA EUROPEA: PRETENDE SUPERAR EL OBJETIVO DEL MERCADO COMÚN. 17 de febrero de 1986. MODIFICA EL TRATADO DE ROMA. Constituye la primera gran reforma de los Tratados. Establece la extensión de los casos de voto por mayoría cualificada en el Consejo, refuerza el papel del Parlamento Europeo (procedimiento de cooperación) y amplía las competencias comunitarias. Introduce el objetivo del mercado interior para 1992. Supone la primera modificación de gran alcance del Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea (CEE). El primero objetivo del AUE consiste en reactivar el proceso de construcción europea con el fin de completar la realización del mercado interior. Ahora bien, esto parecía difícilmente realizable sobre la base de los Tratados existentes debido, en particular, al proceso de toma de decisiones en el Consejo que para la armonización de las legislaciones imponía el recurso a la unanimidad.
Esta es la razón por la cual la Conferencia Intergubernamental que logró el AUE tenía un doble mandato. Se trataba de concluir por una parte, un Tratado en materia de Política Exterior y Seguridad Común y, por otra, un acto que modificara el Tratado CEE, en particular, en lo relativo a:
· el procedimiento de toma de decisión en el Consejo,
· las competencias de la Comisión,
· las competencias del Parlamento Europeo,
· la ampliación de las competencias de las Comunidades.
A pesar de la supresión de los derechos de aduana en 1968, subsisten ciertos obstáculos para la libertad de los intercambios en la Comunidad. Se trata esencialmente de diferencias entre las legislaciones nacionales que el Acta Única Europea, firmada en 1986, pretende eliminar en el espacio de seis años. Aumenta también la influencia del Parlamento Europeo y se refuerzan los poderes de la CEE en materia de medio ambiente.
-1986: SE SUMAN ESPAÑA Y PORTUGAL. EUROPA DE LOS DOCE.
-1992. TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA (MAASTRICHT) TUE. CREA LA UNIÓN EUROPEA. Firma del Tratado de la Unión Europea en Maastricht. Constituye un hito en el proceso de creación de la UE, y establece normas claras para su futura moneda única y su política exterior y de seguridad común, así como para el refuerzo de la cooperación en materia de justicia y asuntos de interior. La "Unión Europea" sustituye oficialmente a la "Comunidad Europea". Reúne en un mismo marco a la Unión Europea, las tres Comunidades (Euratom, CECA, CEE) y las cooperaciones políticas institucionalizadas en los ámbitos de la Política Exterior, Defensa, Policía y Justicia. Da un nuevo nombre a la CEE que se convierte en la CE. Además, este Tratado crea la Unión Económica y Monetaria, establece nuevas políticas comunitarias (educación, cultura) y amplía las competencias del Parlamento Europeo (procedimiento de codecisión).
El Tratado de la Unión Europea (TUE), firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992, entró en vigor el 1 de noviembre de 1993. Este Tratado es el resultado de elementos externos e internos. A nivel externo, el hundimiento del comunismo en Europa del Este y la perspectiva de la reunificación alemana dieron lugar al compromiso de reforzar la posición internacional de la Comunidad. A nivel interno, los Estados miembros deseaban prolongar los progresos realizados por el Acta Única Europea a través de otras reformas.
Estos elementos condujeron a la convocatoria de dos Conferencias Intergubernamentales, una para la UEM y otra para la unión política. El Consejo Europeo de Hannover de 27 y 28 de junio de 1988 confió a un grupo de expertos presidido por Jacques Delors la tarea de preparar un informe que proponía las etapas concretas que llevarían a la unión económica. El Consejo Europeo de Dublín de 28 de abril de 1990, sobre la base de un memorándum belga sobre la reactivación institucional y de una iniciativa francoalemana que instaba a los Estados miembros a estudiar la aceleración de la construcción política de Europa, decidió examinar la necesidad de modificar el Tratado CE para progresar en la vía de la integración europea.
Finalmente, será en el Consejo Europeo de Roma de 14 y 15 de diciembre de 1990, donde se lanzarán las dos Conferencias Intergubernamentales. Un año después, sus trabajos dieron lugar a la Cumbre de Maastricht de 9 y 10 de diciembre de 1991.
OBJETIVOS
Con el Tratado de Maastricht, el objetivo económico original de la Comunidad, es decir, la realización de un mercado común, queda ampliamente superado y la vocación política claramente expresada.
En este marco, el Tratado de Maastricht responde a cinco objetivos esenciales:
· refuerzo de la legitimidad democrática de las instituciones,
· mejora de la eficacia de las instituciones,
· instauración de una unión económica y monetaria,
· desarrollo de la dimensión social de la Comunidad,
· institución de una política exterior y de seguridad común.
UNIÓN ECONÓMICA Y MONETARIA
El mercado único queda concluido con la instauración de la UEM. La política económica consta de tres elementos. Los Estados miembros deben garantizar la coordinación de sus políticas económicas, instaurar una vigilancia multilateral de esta coordinación y quedar sometidos a normas de disciplina financiera y presupuestaria. El objetivo de la política monetaria consiste en instaurar una moneda única y garantizar su estabilidad mediante la estabilidad de los precios y el respeto de la economía de mercado.
El Tratado prevé el establecimiento de una moneda única en tres etapas sucesivas:
· La primera etapa, que liberaliza la circulación de capitales, comienza el 1 de julio de 1990.
· La segunda etapa comienza el 1 de enero de 1994 y permite la convergencia de las políticas económicas de los Estados miembros.
· La tercera etapa debe comenzar a más tardar el 1 de enero de 1999 con la creación de una moneda única y de un Banco Central Europeo (BCE).
La política monetaria descansa en el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), constituido por el BCE y los Bancos centrales nacionales. Estas instituciones son independientes de las autoridades políticas nacionales y comunitarias.
Existen disposiciones especiales para dos Estados miembros. El Reino Unido no asumió el compromiso de pasar a la tercera etapa de la UEM. Dinamarca obtuvo un protocolo en el que se disponía que un referéndum decidirá su grado de compromiso en la tercera etapa.
PROTOCOLO SOCIAL
Con el protocolo social anexo al Tratado, las competencias comunitarias se amplían al ámbito social. El Reino Unido no participa en este Protocolo. Sus objetivos son:
· promoción del empleo,
· mejora de las condiciones de vida y trabajo,
· protección social adecuada,
· diálogo social,
· desarrollo de los recursos humanos para garantizar un elevado y duradero nivel de empleo,
· integración de las personas excluidas del mercado laboral.
CIUDADANÍA
Una de las grandes innovaciones aportadas por el Tratado es la institución de una ciudadanía europea que se añade a la ciudadanía nacional. Todo ciudadano en posesión de la nacionalidad de un Estado miembro es también ciudadano de la Unión. Esta ciudadanía confiere nuevos derechos a los europeos, a saber:
· derecho de libre circulación y residencia en la Comunidad,
· derecho a votar y a ser candidato en las elecciones europeas y municipales en el Estado de residencia,
· derecho a protección diplomática y consular de un Estado miembro distinto del de origen en el territorio de un país tercero en el que Estado de origen no tenga representación,
· derecho de petición ante el Parlamento Europeo y a presentar una denuncia ante el Defensor del Pueblo Europeo.
PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD
El Tratado de la Unión retomó como norma general el principio de subsidiariedad, que en el Acta Única Europea se aplicaba a la política de medio ambiente. Este principio precisa que cuando una competencia no sea exclusiva de la Comunidad, ésta sólo intervendrá si los objetivos pueden realizarse mejor a escala co
·
NUEVOS PILARES: SEGURIDAD EXTERIÓR (PSOEC)+ JUDICATURA + TRES PILARES PRMIGENIOS
-1993: Se establece el mercado único y se hacen realidad sus cuatro libertades: la libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales. Se han aprobado más de doscientos actos legislativos desde 1986 en materia de fiscalidad, derecho mercantil y cualificación profesional con el fin de superar los obstáculos al proceso de apertura de las fronteras. Se ha retrasado sin embargo la libre circulación de algunos servicios. APERTURA DE LOS MERCADOS NACIONALES Y ELIMINACIÓN DE OBSTACULOS AL COMERCIO.
-1995: ADHIEREN AUSTRIA, FINLANDIA Y SUECIA. 15
-1997. TRATADO DE AMSTERDAM. Firma del Tratado de Amsterdam, que se basa en el acervo del Tratado de Maastricht. Contiene disposiciones destinadas a reformar las instituciones europeas, dar más voz a Europa en el mundo, dedicar más recursos al empleo y aumentar los derechos de los ciudadanos. Ha permitido ampliar las competencias de la Unión con la creación de una política comunitaria del empleo, la comunitarización de una parte de las materias que antes correspondían a la cooperación en el ámbito de Justicia y Asuntos de Interior, las medidas destinadas a aproximar la Unión a sus ciudadanos y la posibilidad de cooperación más estrecha entre algunos Estados miembros (cooperaciones reforzadas). Por otra parte, amplía el procedimiento de codecisión y el voto por mayoría cualificada, y realiza una simplificación y una renumeración de los artículos de los Tratados.
1 de enero de 1999
Once países (a los que se une Grecia en 2001) adoptan el euro para sus transacciones comerciales y financieras. Las monedas y los billetes se introducirán más tarde. Los países de la zona del euro son: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y Portugal. Dinamarca, Reino Unido y Suecia deciden mantenerse al margen por el momento.
-2001. Tratado de Niza: Se dedica esencialmente a los «asuntos pendientes» de Amsterdam, es decir, a los problemas institucionales vinculados a la ampliación que no se resolvieron en 1997. Se trata, en concreto, de la composición de la Comisión, de la ponderación de votos en el Consejo y de la ampliación de los casos de voto por mayoría cualificada. También simplifica el recurso al procedimiento de cooperación reforzada y aumenta la eficacia del sistema jurisdiccional.
1 de enero de 2002
Entran en circulación las monedas y billetes en euros. Su impresión, acuñación y distribución exigen una operación logística de gran amplitud. Se ponen en circulación más de 80 000 millones de monedas. Los billetes son idénticos en todos los países. Las monedas tienen una cara común en la que se indica su valor y otra con un emblema nacional. Todas circulan libremente: pagar el billete de metro en Madrid con un euro finlandés (o de cualquier otro país) se convierte en un hecho cotidiano.
-2004: SE INCORPORAN CHIPRE, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa..
2004: Los veinticinco Estados miembros firman un Tratado por el que se establece unaConstitución para Europa con el fin de simplificar el proceso de decisión democrático y el funcionamiento de una Europa de veinticinco y más países. El Tratado, que prevé también la creación de un puesto de Ministro europeo de Asuntos Exteriores, no podrá entrar en vigor si no es ratificado por el conjunto de los veinticinco Estados miembros. NO ENTRO EN VIGOR, NO LOGRO SER RATIFICADA.
2007: ENTRAN BULGARIA Y RUMANIA.
2007: Los 27 Estados miembros de la UE firman el Tratado de Lisboa, que modifica los Tratados anteriores. Su objetivo es aumentar la democracia, la eficacia y la transparencia de la UE, y, con ello, su capacidad para enfrentarse a desafíos globales como el cambio climático, la seguridad y el desarrollo sostenible. Antes de que el Tratado pueda entrar en vigor, cada uno de los 27 Estados miembros debe ratificarlo. Entra en vigor el 1 de diciembre de 2009. REGULA POR PRIMERA VEZ LA RETIRADA DE UN PAÍS DE LA UE.
miércoles, 12 de mayo de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Línea temporal
Tratado de París, CECA: 1951 (SEÍS PAÍSES)
Tratados de Roma: CEE y EURATOM. 1957 (SEÍS PAÍSES)
Europa de los nueve: 1973, se incorporan Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca.
martes, 6 de abril de 2010
Estimados
lunes, 23 de noviembre de 2009
Notas tercera fecha de examen. Aclaraciones varias.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Notas segundo examen, fecha 19-11
martes, 17 de noviembre de 2009
Notas del primer examen (16/11)
De la Vega Mendia: 9
Castellano: 8
Iturralde: 8
Codromaz: 7
Callegaro: 7
Fernández: 6
Charuff: 7
Tommasi: 7
Molina Portela: 6
Valderrey: 8
Gallo: 9
Sar: 5
Viola: 6
Psemiarower: 9
Aiccardi: 7
Aón: 7
Avendaño: 7
Jarolavsky: 8
Rapetti: 8
sábado, 7 de noviembre de 2009
Problemas en los procesos de integración en América Latina
Carlos Malamud: catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia e investigador principal de América Latina en el Real Instituto Elcano, Madrid.
La integración latinoamericana atraviesa un prolongado periodo de pará lisis o una crisis mayúscula, según cómo se mire y según cuán profundo y lapidario quiera ser el juicio. Si bien no hay problemas en el diagnóstico, sobre el que existe prácticamente unanimidad más allá de los mensajes po líticamente correctos y bien intencionados, el consenso desaparece cuando se abordan las causas que explican esta parálisis. En el último tiempo, la discusión se ha centrado en por qué América Latina no se integra, en lugar de debatir para qué y cómo debe integrarse. Esta desviación analítica permite emitir mensajes optimistas, generalmente desde círculos cercanos a los gobiernos (especialmente el brasileño y el venezolano) y desde sus cajas de resonancia mediáticas. Por distintas razones, vinculadas básicamente a sus objetivos regionales y globales, los dos principales impulsores de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), Brasil y Venezuela, se empeñan en decir que las cosas van razonablemente bien y que quienes no comparten semejante juicio son agoreros o, incluso, defensores de posturas antilati noamericanas.
Para reforzar la visión optimista se apela a un conjunto de argumentos, todos ciertos pero bastante peregrinos en relación con la cuestión de fondo: la no integración. Entre ellos, se destacan las menciones al prolongado periodo de democracia que vive América Latina, el crecimiento económico del último lustro (2004-2008), las posibilidades que brindan la energía o la infraestruc tura, las nuevas capacidades para resolver ciertos conflictos regionales o la mayor sintonía político-ideológica entre los gobiernos de la región (el famoso giro a la izquierda). Pese a su importancia y trascendencia, se trata de cues tiones periféricas a la integración, que no aluden a sus problemas centrales, vinculados al para qué y al cómo se debe integrar América Latina.
A la hora de buscar culpas y culpables, se nota un sesgo importante que lleva a mirar más hacia fuera que hacia dentro de América Latina. Es así como se suele acudir recurrentemente a elementos y presiones exógenas: cuando no es Estados Unidos el causante directo de tal desaguisado, se acusa a la Unión Europea (ue), como apuntó recientemente el presidente de Ecuador, Rafael Correa. Según su particular interpretación, la decisión de la Comisión Europea de negociar directamente con Colombia y Perú un tratado de aso ciación –en lugar de hacerlo con la Comunidad Andina de Naciones (can) en su conjunto– era un golpe mortal contra la integración regional. Pero ocurre que los europeos estaban, están, cansados, aunque por delicadeza no lo digan públicamente, de las contradicciones existentes en el seno de la can y de los obstáculos a la negociación que permanentemente impone Bolivia y también, aunque en menor medida, Ecuador. Y además sucede que los responsables directos de los problemas de la can son sus Estados miembros, las desave nencias entre ellos, las propuestas descabelladas de algunos y la salida de Venezuela.
La tentación de buscar más allá de las fronteras lo que en realidad son respon sabilidades propias no es nueva. En su momento, la teoría de la dependencia
fue el punto más alto de este tipo de análisis, algunos de cuyos contenidos hoy vuelven con fuerza renovada. En el caso de la integración regional, el ra zonamiento que se suele utilizar es sencillo pero eficaz: a eeuu, y a los demás poderosos del mundo, no les interesa una América Latina integrada y unida, y por eso aplican la macabra po lítica del «divide y vencerás». Ya en su momento el nacimiento de Uruguay se explicó en estos tér minos, mediante la gráfica idea de la balcanización.
Aunque el proceso de integra ción en América Latina es prácti camente tan antiguo como el eu ropeo, pues ambos se originaron tras la Segunda Guerra Mundial y comenzaron a despegar en la década del 50, los resultados de uno y otro son palmariamente diferentes. No se trata aquí de recalcar, de forma caricaturesca y una vez más, todo aquello de bueno que teóricamente tiene Europa y todo lo que tanto le falta a América Latina, sino de rastrear en la propia realidad latinoamericana los obstácu los, grandes y pequeños, que han impedido que la integración llegue a buen puerto.
Los tres obstáculos a la integración■ ■
Resulta muy complicado rastrear las causas del fracaso de la integración re gional, ya que no estamos frente a un único proceso ni a un camino lineal. En los 50 años transcurridos desde el inicio de la integración latinoamericana, ha surgido un gran número de instituciones, cada una de ellas con sus siglas correspondientes. De hecho, la integración se ha convertido en una espesa sopa de letras y en un cúmulo de subprocesos, regionales y subregionales, que incluso se contradicen entre sí.
Aunque repetidamente se ponen de manifiesto las ventajas de la integración, rara vez se define de qué integración estamos hablando: ¿de una integración hemisférica o continental que recoja la herencia del panamericanismo (y ahí está, con todas sus limitaciones, el Área de Libre Comercio de las Améri cas, alca)? ¿De la integración latinoamericana (con instituciones antiguas, como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, Alalc, u otras más modernas, del tipo Asociación Latinoamericana de Integración, Aladi)? ¿De integraciones subregionales (Mercosur, can, Sistema de la Integración Cen troamericana, sica) o de la integración sudamericana (primero con la Comu nidad Sudamericana de Naciones, csn, y luego con la Unasur)? ¿De integra ciones comerciales en torno de tratados de libre comercio (tlc), con o sin eeuu, o de integraciones alternativas, como la Alternativa Bolivariana de las Amé ricas (alba) en su versión inicial, o Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en su versión más reciente? ¿O hablamos incluso de una más que complicada integración iberoamericana, que sume a España y Portugal? La falta de definición revela que ni los medios ni los fines están claros para aquellos que deben tomar las decisiones, con el ruido de fondo que una situación como esta termina incorporando al proceso.
Para colmo de males, los máxi mos dirigentes latinoamericanos están bastante acostumbrados a tomar decisiones en función de su sola intuición política y de la improvisación. Esto implica que no buscan construir mecanis mos más complejos que, con so fisticados estudios en la mano, permitan decidir mejor entre las distintas opciones en juego. Los únicos estudios que suelen ser tenidos en cuenta son los demoscópicos, ya que las encuestas se han convertido en verdaderos oráculos para los presidentes, cualquiera sea su color político o su ideología. El repaso sistemático de las últimas cumbres regionales, de sus declaraciones finales y de las manifes taciones de los presidentes a la prensa permite hacerse una idea del nivel de improvisación. En la mayoría de las ocasiones, se proponen ideas y proyectos geniales que generalmente ya han sido olvidados en la siguiente cita. Quizá sería conveniente, aunque sea menos rentable en términos propagandísticos, realizar más reuniones de ministros, secretarios y subsecretarios, técnicos y expertos, que de presidentes, de modo que los primeros allanen el camino de los segundos para que puedan presentar sus propuestas cuando estén un poco más cocinadas.
Con la salvedad de que resulta muy difícil generalizar acerca de América Latina, es posible identificar tres factores que se han convertido en grandes obstáculos para el avance de la integración regional: dos son excesos (de retórica y nacionalismo) y el tercero es un déficit (de liderazgo). A ellos me referiré en las siguientes líneas.
El exceso de retórica. Se trata de un exceso vinculado a aquello que se dio en llamar el «realismo mágico latinoamericano». En esta línea se inscriben todas las esperanzas, hasta ahora frustradas, puestas en el gran impulso que el «giro a la izquierda» supuestamente iba a dar a la integración regional. Se partía de la base de que una mayor sintonía político-ideológica entre los presidentes allanaría el camino para la integración, desactivando obstáculos y dificultades, como si los intereses nacionales, en todas sus acepciones, dependieran de la sola voluntad de los votantes a la hora de elegir a sus dirigentes. En esta mirada de corto plazo, la cuestión de la alternancia entre gobiernos de distinto signo o la eventual convivencia entre gobiernos de izquierda y de derecha ni siquiera se plantea. O todos de un color o todos del otro. A lo que hay que añadir la prueba de la experiencia. Teóricamente, presidentes como Luiz Inácio Lula da Silva, Tabaré Vázquez, Evo Morales, Néstor o Cristina Kirchner y Rafael Correa pertenecerían, con sus matices, a la «izquierda continental». Sin embargo, ha habido serios problemas, pese a las supuestas sintonías, entre Argentina y Uruguay o entre Brasil y Bolivia o entre Brasil y Ecuador.
Por eso resulta cuanto menos curioso que el momento en que más se habla de la integración regional sea también el que registra más conflictos bilaterales. La diferencia es que en la actualidad estamos frente a conflictos que ya no responden únicamente a las viejas agendas del trazado de los límites fronte rizos, sino de otros nuevos, vinculados a cuestiones económicas o políticas. En ese sentido, cabe preguntarse si, al lanzar dardos contra sus colegas, los presidentes latinoamericanos inmersos en estos conflictos bilaterales también piensan en la integración y en los daños que aquellos les causan. Si bien todo proceso de integración está plagado de crisis y contradicciones, como se ve en Europa, lo que no es aceptable es que se desarrolle a partir de interpreta ciones radicalmente opuestas de la realidad. Con esos mimbres es imposible avanzar en la integración regional, para la cual son necesarios determinados acuerdos mínimos. Es muy difícil, por no decir imposible, avanzar por este camino si algunos gobiernos reivindican la democracia representativa y otros la denigran. En este marco, las posibilidades de construcción institucional quedan muy limitadas.
Unos pocos ejemplos de estos nuevos enfrentamientos bilaterales ayudan a aclarar las cosas. Quizá habría que comenzar por el absurdo e inexplicable conflicto entre Argentina y Uruguay por la construcción de una fábrica de pasta de celulosa en Fray Bentos, que intentó justificarse con argumentos medioambientales. Entre otras cosas, el contencioso puso de manifiesto la inexistencia de instancias del Mercosur capaces de resolver pacíficamente y de forma dialogada crisis de este tipo.
Otro ejemplo fue el ataque colombiano al campamento de las Fuerzas Ar madas Revolucionarias de Colombia (farc) en suelo ecuatoriano, en el que murió Raúl Reyes y que mostró al mundo importante información sobre los vínculos internacionales de esta organización narcoterrorista. La crisis pudo acabar en una guerra entre Ecuador y Colombia. Una guerra a la que, con toda probabilidad, hubieran acudido Venezuela y Nicaragua. Las ma nifestaciones de Hugo Chávez y Daniel Ortega de respaldar militarmente a Correa no fueron precisamente una contribución a la estabilidad regional. El Grupo de Río, reunido en Santo Domingo, pudo reconducir el conflicto y evitar la escalada armada, en buena medida gracias al buen hacer del an fitrión, el presidente dominicano Leonel Fernández, y al liderazgo de Lula. Este precedente se suma a los resultados positivos de la cumbre de la Unasur celebrada en 2008 en Santiago de Chile, que permitió desactivar la deriva violenta que se estaba produciendo en Bolivia y que podría haber degenera do en enfrentamientos civiles que incluso habrían podido desbordarse más allá de las fronteras.
Ambos casos suelen presentarse como una prueba de la capacidad latinoa mericana de resolver sus conflictos sin necesidad de tutelajes externos, espe cialmente de eeuu, pero también como una muestra de la salud de la integración regional. Sin embargo, en este punto se confunde la función de un foro de concertación o diálogo político con una instancia de integración. En el caso del Grupo de Río, está claro que se trata de un foro de diálogo político. El caso de la Unasur es más comple jo, aunque hasta ahora ha funcionado más como un espacio de diálogo po lítico que como una verdadera herra mienta para profundizar la integra ción regional.
Una última cuestión vinculada a la retórica. Cuando la integración se estanca o sencillamente no avanza, cuando se deben resolver problemas de fondo, como los que hace unos meses atenazaban al Mercosur debido al enfrentamiento entre los países grandes (Argentina y Brasil) y los pequeños (Para guay y Uruguay), entonces se recurre a los parlamentos regionales. Si fuera por ellos, América Latina estaría más integrada que ninguna otra región del planeta: cuenta con el Parlatino (Parlamento Latinoamericano, con sede en Panamá, creado en 1964), el Parlamento Andino (órgano de la can con sede en Bogotá, creado en 1979), el Parlamento Centroamericano (Parlacen, con sede en Guatemala, creado en 1987) y el Parlamento del Mercosur o Parlasur (creado en 2005, con sede en Montevideo). Incluso se ha comenzado a cons truir en Cochabamba la sede del Parlamento de la Unasur. En muchos casos, la elección de los parlamentarios se rodea de todo el ritual democrático. Sin embargo, su capacidad para legislar es prácticamente nula y su poder de control sobre las instituciones regionales es mínimo, ya que el verdadero poder está en manos de los gobiernos. No se trata de caer en críticas dema gógicas, pero hasta ahora han funcionado más como una vía para detraer recursos públicos para los salarios pagados a los parlamentarios y a los bu rócratas que los acompañan, que como una herramienta capaz de impulsar la integración regional.
El exceso de nacionalismo. En la historia y la mentalidad latinoamericanas, el nacionalismo está asociado a las nuevas identidades surgidas con posteriori dad a la independencia. Su papel es clave, a tal punto que todas las ideologías, desde la izquierda hasta la derecha, por más internacionalistas o cosmopoli tas que sean sus raíces, han sido permeadas por el nacionalismo. El discurso nacionalista está indisolublemente ligado a la idea de soberanía. Pero cuando en América Latina se habla de soberanía se suele aludir a la soberanía nacio nal como equivalente de la soberanía territorial. Lo que menos cuenta es la soberanía popular, la soberanía de los ciudadanos en tanto depositarios del poder político.
En abril y octubre de 2007, el presidente boliviano Evo Morales afirmó que era necesario consolidar una gran nación sudamericana con dignidad, soberanía, identidad y una sola moneda: el «pacha» («tierra» en quechua), de forma de dejar de estar sometidos al dólar norteamericano. El objetivo final de todo esto sería «consolidar una unión similar a la de la Unión Europea». Pero los discursos de este tipo equivalen a querer comenzar a construir la casa por el tejado. No solo porque en Europa la moneda única fue la etapa final de un prolongado proceso de armonización en sus políticas macroeconómicas y de convergencia monetaria, sino porque la dignidad, la identidad o la soberanía, como valores en sí mismos, no garantizan en absoluto la integración. Es más: la soberanía vinculada al exceso de nacionalismo suele actuar como un freno a la integración.
En las comparaciones que tan frecuentemente se formulan, suele olvidarse que, como ya se señaló, la integración europea y la latinoamericana comenza ron en la misma época. La menor antigüedad no es, por lo tanto, un argumen to sólido. Es verdad, por supuesto, que la motivación europea se explica por la decisión de evitar las guerras devastadoras que asolaron al continente a lo largo del siglo xx y que se cobraron decenas de millones de víctimas mortales, una motivación ausente en América Latina. Pero también es cierto que en América Latina existen una serie de incentivos –desde la mayor homogenei dad lingüística a la ausencia de conflictos bélicos– ausentes en Europa, que deberían haber sido un acicate para estimular la integración.
El exceso de nacionalismo impide la construcción de las instituciones e ins tancias supranacionales sin las cuales es imposible que avance cualquier proceso de integración regional. Mientras los gobiernos y los Estados nacio nales no cedan una parte de su soberanía, ninguna integración será posible. Sin este tipo de avances, las propuestas de crear monedas comunes, pasa portes del mismo color o ejércitos regionales no dejan de ser meros brindis al sol.
El déficit de liderazgo. Hasta la fecha, ninguno de los dos gigantes de América Latina, Brasil y México, han desempeñado de forma cabal y consecuente el papel de liderazgo que les corresponde en función de su tamaño, capacidad e, inclusive, riqueza. Esta actitud conservadora ha limitado el impulso que hu bieran podido darle al proceso de integración regional. Tampoco Argentina, cuando décadas atrás, por sus propias circunstancias políticas y económicas, estuvo en condiciones de adoptar políticas continentales más activas y abier tas, se colocó a la cabeza de América Latina.
La ausencia de liderazgos regionales debería explicarse por la inexistencia de una necesidad real de avanzar en la integración. Por lo general, los países latinoamericanos están más preocupados por sus propios problemas que por lo que sucede a su alrededor. Tampoco se puede olvidar, por supuesto, la importancia de la escasez de recursos a la hora de consolidar los liderazgos o impulsar operaciones de este tipo, aunque estos problemas no deberían en cubrir la falta de determinación política de los gobiernos. El tamaño de las economías latinoamericanas es menor que el de las europeas, pero las metas propuestas deberían adaptarse a la escala existente. Cuando ciertos países se escudan en su falta de recursos, en su incapacidad para financiar programas de cohesión u otros argumentos similares, en realidad están manifestando que o bien no entienden claramente qué es la integración regional y las venta jas que supone para todos los implicados, o bien que no es un tema prioritario de su política exterior.
Los estudiosos de la integración latinoamericana suelen mirar a la ue buscan do inspiración o modelos adecuados para relanzar sus propios procesos. Pues bien, en el transcurso de la unificación europea, donde el componen te político fue más importante que el económico, Francia y Alemania (el famoso eje franco-alemán) desempeñaron un papel relevante. En América Latina, las relaciones entre Méxi co y Brasil –y, más concretamente, entre los palacios de Tlatelolco e Itamaraty, sedes de los respectivos ministerios– son complejas y llenas de recelos y rivalidades. La visita de Lula a México en agosto de 2007 permitió comenzar a destrabar una situación complicada, pero los pa sos dados todavía son insuficientes para mejorar la coordinación entre estos dos grandes países, lo que sin lugar a dudas favorecería la integra ción latinoamericana. De momento, no está claro que esto sea lo que quieren uno y otro, especialmente si tenemos presentes iniciativas que los excluyen mutuamente, como la Unasur o el Plan Puebla Panamá (ppp).
Es conveniente recordar una vez más que, sin el liderazgo de Francia y Ale mania, la unificación europea no hubiera alcanzado el lugar en el que se en cuentra hoy, incluso admitiendo que los intereses de eeuu en Europa, cualita tiva y cuantitativamente hablando, eran, y todavía son, muy superiores a los que este país tenía, y aún tiene, en América Latina. Porque, aunque es verdad que Europa fue un frente decisivo de la Guerra Fría, como prueba la impor tancia que alcanzó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan), también es cierto que, tras la Revolución Cubana y la crisis de los misiles, el peso de las cuestiones hemisféricas se hizo sentir y otorgó a la región un pro tagonismo inimaginable en la política exterior norteamericana. Por eso, sería bueno recordar las experiencias totalmente contrarias que supusieron la otan y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (tiar). Aunque surgidas en la misma época y en el mismo contexto de Guerra Fría, ambas institucio nes produjeron resultados totalmente distintos: la otan ayudó a dar un gran impulso al crecimiento y a crear el Estado de bienestar europeo, mientras que el tiar no arrojó estos frutos, en buena medida debido al profundo recelo antinorteamericano existente en América Latina.
La ausencia de liderazgo también se debe explicar por los costos que genera. Es curioso que en América Latina, hasta fechas muy recientes, prácticamente nadie haya querido asumir este liderazgo, bajo la premisa de que los benefi cios serían sustancialmente inferiores a los costos. En los últimos años, Brasil parece más dispuesto a jugar como un destacado actor global. Ello lo ha lle vado a convencerse de que su protagonismo puede ser mayor si se consolida como un potente líder regional. De hecho, ha comenzado a actuar de este modo en diversas circunstancias, como lo demostró su protagonismo en las mencionadas cumbres del Grupo de Río en Santo Domingo y en la de la Una sur en Santiago de Chile o en la Cumbre de América Latina y el Caribe (calc) realizada en diciembre de 2008 en Costa do Sauípe. Sin embargo, todavía persisten numerosas contradicciones y no se ve una política clara al respec to. Por ejemplo, recientemente Brasil rechazó incorporarse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde), de la que sí es miem bro México desde 1994. La vieja aspiración brasileña de contar con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (aspiración compartida con México y Argentina) también lastra sus posibilidades de convertirse en líder regional.
Los titubeos de México y Brasil han permitido que emerja, o al menos que se plantee, el liderazgo de Venezuela, aunque la posibilidad de que se conso lide es cuanto menos discutible, dado lo controvertida que resulta la figura de su presidente. Venezuela cuenta con los recursos suficientes para ejercer un rol de líder y tiene una idea clara de lo que quiere hacer con el dinero que hasta hace pocos meses, cuando la crisis mundial hizo bajar el precio del petróleo, le sobraba. Como suele ocurrir, cuando hay espacios vacíos alguien tiende a llenarlos.
El problema es que Venezuela, aunque sabe lo que quiere hacer y está dis puesta a gastar lo que haga falta, no puede hacerlo. A Chávez le falta el gla mour que durante mucho tiempo acompañó a Fidel Castro. La Venezuela de Chávez y la Cuba de Castro cuentan con el respaldo de parte de la opinión pública latinoamericana, aunque también despiertan el rechazo de sectores nada desdeñables. La principal diferencia es que Venezuela cuenta con los recursos económicos que siempre le faltaron a Cuba para imponer su proyecto continental. Chávez, entonces, está en condiciones de asegurar se voluntades y respaldos políticos en organismos multilaterales, como la Organización de Estados Americanos (oea), a través de empresas como Petrocaribe, que reparte petróleo a precios subsidiados y con préstamos a bajas tasas de interés. Sin embargo, teniendo en cuenta la evolución de los precios del petróleo, cabe preguntarse cuán permanentes pueden ser los apoyos conseguidos mediante mecanismos que poco tienen que ver con la convicción y la persuasión.
¿De qué integración estamos hablando?■ ■
Como se ha mencionado más arriba, hoy se habla más de la integración re gional que en cualquier otro momento de la historia reciente de América La tina. Se enumeran una y otra vez las ventajas que supone y los beneficios que puede aportar a los pueblos unificados. Sin embargo, como ya se señaló, na die define de qué integración estamos hablando, qué características debería tener, qué objetivos y metas se deberían fijar y cuáles deberían ser las instituciones adecuadas para conducir el proceso. No solo no hay un acuerdo, sino que se tiende a adjetivar la integración, y entre los adjetivos favoritos sobresale el de «bolivariana», seguido del de «energética», la otra palanca mágica para transitar no se sabe qué caminos. Por eso, hay quienes creen que es necesario buscar un motor adecuado: así como Europa tuvo el carbón y el acero, América Latina tiene el gas y el petróleo.
Para muchos latinoamericanos, la inte gración será bolivariana o no será, in cluso para muchos países cuyas histo rias nacionales poco o nada han tenido que ver con Simón Bolívar, como Bra sil, México, Paraguay, Uruguay y casi todos los centroamericanos. La idea de vincular la integración regional con la figura de Bolívar y con la historia de principios del siglo xix apunta a dotar de una cierta legitimidad ideológica al proceso, aunque en realidad se trate de un anacronismo, ya que la idea de reconstruir la unidad del viejo impe rio español no tiene absolutamente nada que ver con la actual situación del continente.
